El pino de hoja larga (Pinus palustris) llegó a cubrir casi 90 millones de acres en el sureste de Estados Unidos, desde Virginia hasta Texas, incluyendo gran parte de Florida. Este árbol adaptado al fuego prosperó en zonas que sufrían incendios naturales con regularidad, lo que jugó un papel clave en la configuración del paisaje. Estos incendios ayudaron a preservar el suelo forestal.








