Ignacio Borbolla, oriundo de Miami, pasó su juventud explorando el sur de Florida, una zona poco desarrollada. Su abuelo y su padre le enseñaron a pescar en los muelles, malecones y puentes de la ciudad. Su abuelo aprovechó sus viajes para contar historias de sus días de pesca en Cuba, y afirmaba tener el barco más rápido del club náutico: ¡12 nudos! A medida que su pasión por la pesca crecía, Ignacio comenzó a pescar desde barcos, participando a menudo en torneos locales y viajando la corta distancia hasta las Bahamas. Incluso se convirtió en capitán con licencia y dominó las aguas de Florida y las Bahamas.
Su abuelo también lo ayudó a comprar su primera escopeta, que todavía posee, para cazar palomas en campos abiertos en el oeste del condado de Dade que ahora son centros comerciales. Todavía le encanta cazar codornices y faisanes, a los que ahora se suma su tío, un perro de muestra español de Burgos. “Durante mi infancia, salir al aire libre era accesible y fácil, todo lo que necesitabas era una simple caña y un carrete para pescar la cena en los muelles y embarcaderos. Y podías acceder a los campos de caza a una corta distancia a pie de tu vecindario”, compartió Ignacio.
Estas experiencias formativas en el malecón con su abuelo y su padre siguen siendo fundamentales para su identidad, inculcando el compromiso de mantener la Florida salvaje accesible para todos. Además de sus seis años de servicio en la Fundación, Ignacio trabaja con escuelas y organizaciones locales para crear la próxima generación de conservacionistas y entusiastas de las actividades al aire libre en Florida. “Me apasiona enseñar cómo la conservación y la recreación al aire libre van de la mano, y apoyar a la Fundación es fundamental para ese trabajo”, compartió Ignacio. Y siguiendo los pasos de su abuelo, Ignacio ha criado a sus hijos con un profundo amor y respeto por la conservación y la recreación al aire libre responsable.








